miércoles, 12 de diciembre de 2012

BINGOs en busca de REDDención

06/12/12 Por WRM
 
El pragmatismo actual hace que la mayoría de los gobiernos y varias grandes ONG se asocien con el sector privado e incluso con grandes corporaciones que han sido y siguen siendo responsables de la destrucción de los bosques. Así, dichos contaminadores pueden comprar sin problema su redención, participando en proyectos REDD/REDD+.
La amenaza del cambio climático se ha incrementado, así como la inserción de los mercados financieros en todos los campos de la vida, incluido el cambio climático.
REDD es una falsa solución, tanto para la deforestación como para el cambio climático, aunque resulta útil para el mercado del carbono, un nuevo mercado financiero, sofisticado y descabellado, que negocia créditos de carbono, generalmente usados por los contaminadores para compensar sus emisiones de carbono. Este año, si bien el volumen de las transacciones disminuyó en un 22% con relación a 2010, el mercado de carbono duplicó su valor, que llegó a 237 millones de dólares. (1)
En la medida que forma parte de la arquitectura financiera global, los principales beneficios de REDD irán a parar a manos de los agentes financieros. No obstante, varias instituciones, grandes ONG, multinacionales y gobiernos promueven REDD como algo muy conveniente para las comunidades, que terminarían obteniendo algún dinero para “compensar” los impactos negativos que soportan.
El marketing de REDD obtuvo cierto éxito porque algunos actores dieron credibilidad a la propuesta. Grandes ONG como The Nature Conservancy, Conservation Inernational, World Wildlife Fund (WWF), Forest Trends y Rainforest Alliance están participando o apoyando muchos proyectos REDD en los países del Sur.
Sus poco ecológicos socios – Alcoa, Arcelor Mittal, Barrick Gold, Grupo BG, BHP Billiton, Fundación BP, Bunge, Cargill, Chevron, Coca-Cola, Grupo De Beers, Giti Tire, Goldman Sachs, JP Morgan Chase & Co, Kimberly-Clark, Kraft Foods, McDonald’s, Grupo Medco, Monsanto, MPX Colombia, Newmont Mining Corporation, Northrop Grumman Corporation, Rio Tinto, Shell, The Walt Disney Company, Toyota Motor Corporation, United Airlines, Walmart, Wilmar International – necesitaban con urgencia un toque de “verde”, y lo consiguieron.
En marzo de 2010, la revista estadounidense The Nation publicó un artículo de Johann Hari (2), quien había investigado los nexos financieros entre organizaciones ecologistas y corporaciones hostiles al medio ambiente, sobre todo porque se había descubierto que la importante organización conservacionista The Nature Conservancy (TNC) había establecido desde hacía tiempo una relación muy conveniente con el gigante petrolero BP, con lo cual la compañía había “maquillado de verde” su imagen y TNC había conseguido fondos para sus proyectos.
Hari escribió:
“Las organizaciones ambientalistas solían estar financiadas sobre todo por sus miembros y por simpatizantes acaudalados. Sólo tenían un objetivo: evitar la destrucción ambiental. Sus fondos eran escasos, pero cumplían una función muy importante, ayudando a salvaguardar grandes extensiones y a convertir en leyes reglas estrictas que prohibían la contaminación del aire y del agua. Pero Jay Hair – presiente de la National Wildlife Federation desde 1981 hasta 1995 – no estaba satisfecho, y encontró una nueva fuente de enormes recursos: los peores contaminadores.
Hair descubrió que las grandes compañías petroleras y de gas estaban dispuestas a dar dinero a las organizaciones conservacionistas. Sí, estaban destruyendo muchos lugares intactos del mundo. Sí, a fines de los años 1980 era claro que estaban desestabilizando de manera dramática el clima, la base misma de la vida. Pero para Hair eso no las convertía en enemigas, y dijo que sinceramente querían reparar sus errores y pagar para preservar el medio ambiente. Comenzó entonces a extraerles millones y, a cambio, su organización y otras como The Nature Conservancy (TNC) les otorgaron premios de ‘buena gestión ambiental’.
Empresas como Shell y British Petroleum (BP) quedaron encantadas, dado que vieron esto como un valioso ‘seguro contra la mala reputación’: cada vez que alguien las criticaba por su enorme volumen de emisiones de gases de efecto invernadero, o por estar implicadas en el asesinato de disidentes que pretendían que el dinero del petróleo fuera a parar a la población local, o por un derrame de petróleo que había causado daños irreparables, mostraban sus relucientes premios al ambientalismo, comprados con donaciones ‘caritativas’, para evitar el riesgo de una reglamentación gubernamental.”
El pragmatismo actual hace que la mayoría de los gobiernos y varias grandes ONG se asocien con el sector privado e incluso con grandes corporaciones que han sido y siguen siendo responsables de la destrucción de los bosques. Así, dichos contaminadores pueden comprar sin problema su redención, participando en proyectos REDD/REDD+.
La mayoría de esos proyectos están relacionados con el mercado del carbono, e implican que se fije un valor económico al carbono y a los bosques.
Conservation International anuncia que está trabajando “para alentar el financiamiento de REDD+ y de iniciativas basadas en el mercado para generar una demanda de compensaciones en base al carbono de los bosques”, y se muestra entusiasta con respecto al comercio del carbono: “El mercado emergente del carbono ofrece una de las mayores oportunidades de los últimos cincuenta años de invertir la destrucción de los bosques tropicales que quedan en el mundo, al acercar a compradores y vendedores de créditos de carbono”. De hecho, las grandes ONG promueven vigorosamente el mercado del carbono para la compensación de emisiones en general y para REDD en particular.
Conservation International está presente en África, donde brinda apoyo técnico y financiero a proyectos REDD en RDC, Guinea Ecuatorial, Madagascar y Liberia. En Asia, está detrás de proyectos de carbono forestal en China, Filipinas e Indonesia, y en América Latina participa en proyectos en Ecuador, Perú, Brasil, Guatemala, México y Colombia.
GRANDES ONG DETRÁS DE PROYECTOS REDD EN ÁFRICA, ASIA Y AMÉRICA LATINA
Conservation International (CI) está presente en África, dando apoyo técnico y financiero a la coordinación de una estrategia nacional sobre REDD así como al desarrollo de dos proyectos piloto REDD en dos reservas naturales (Tayna y Kisimba-Ikobo) en la provincia de North Kivu de la República Democrática del Congo (3). En Guinea Ecuatorial, tiene proyectos piloto en el Parque Nacional de Monte Alén. En Madagascar, trabaja en el Proyecto del Bosque Makira y en el del Corredor de Mantadia, mientras que en Liberia participa en la Red de Áreas Protegidas.
También está validando varios proyectos de carbono forestal en Asia y América Latina: la Iniciativa del Bosque Tengchong en China, la de Sierra Madre en Filipinas, la de la Cuenca del Mamberamo en Indonesia, la del Corredor Chocó-Manabí en Ecuador, la del Bosque de Alto Mayo en Perú, la de la Mata Atlántica y el Proyecto de Muriqui en Brasil, la iniciativa de Conservación de la Reserva de Biosfera Maya en Guatemala, la de la Selva Lacandona en La Cojolita, en México, y la del Corredor de Conservación de Bogotá en Colombia.
The Nature Conservancy (TNC) participa en el proyecto REDD de Río Bravo en Belize, en el proyecto Noel Kempff en Bolivia, en el proyecto de la Mata Atlántica en Guaraqueçaba, Brasil (ver el artículo de este boletín sobre la economía verde en Brasil), en el proyecto del bosque de Tengchong de la provincia Yunnan, China, y en el proyecto del distrito Berau en Borneo, Indonesia. También participa en proyectos piloto REDD que están en la fase inicial, como el de São Félix do Xingú en Pará, Brasil. TNC es el socio responsable de administrar los recursos provenientes de la venta des carbono capturado en el proyecto de Conservación de la Biodiversidad y Uso Sostenible de Mbaracayú, en Paraguay. También asesora sobre el desarrollo de mecanismos financieros en dos Programas de Servicios Ambientales por Captura de Carbono: el de la Reserva de Biosfera de Sierra de las Minas y el de Deforestación Evitada del Parque Nacional de la Sierra del Lacandón, en Guatemala.
WWF Brasil participa, junto con la UICN, en el Proyecto de Carbono del Estado de Acre – Pago por Servicios Ambientales, en Brasil, y apoya el Proyecto REDD de Madre de Dios, en Perú.
El concepto mismo de conservación es inadecuado. Como dijo Hari, “en esta época de calentamiento global, la vieja noción de conservación – que implica preservar intacta una parcela aislada – no tiene sentido alguno. Si la biosfera se está desmoronando por todas partes, uno no puede cercar una zona de vegetación exuberante para protegerla: de todos modos va a morir.”
Por otra parte, el comercio de carbono no reduce las emisiones. Peor aún, distrae peligrosamente la atención de lo que habría que hacer de inmediato: reducir realmente las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de la quema de combustibles fósiles.
Lamentablemente, se dedica mucho dinero y esfuerzo a promover falsas soluciones, tales como proyectos REDD o REDD+ basados en el mercado. Sus promotores no deberían olvidar que cargan con la responsabilidad de esa malversación de tiempo y dinero que agrava las actuales crisis climática, social y de la biodiversidad. Ecoportal.net
Boletín Mensual - Número 184 - Noviembre de 2012
http://www.wrm.org.uy
(1) Leveraging the Landscape: State of the Forest Carbon Markets 2012, Ecosystem Marketplace.
(2)http://www.thenation.com/article/wrong-kind-green#
(3) “República Democrática del Congo. El proyecto piloto REDD de Conservation International: una producción inédita de Disney”, Belmond Tchoumba, WRM, 2011, http://www.wrm.org.uy/countries/Congo/REDD_DRC_sp.pdf

Agronegocio: El veneno nuestro de cada día

08/12/12 Por Manuel Alfieri
 
Marie-Monique Robin: "Con voluntad política, en cuatro años se acaba el modelo agroalimentario"
Desde París, la investigadora cuestiona duramente el agronegocio y propone una solución a la crisis que vive la agricultura mundial: la implementación de la agroecología a gran escala.
Una nueva investigación de la periodista francesa Marie-Monique Robin acaba de ser publicada en la Argentina. Se trata de El veneno nuestro de cada día (Editorial De La Campana), un trabajo que, al igual que El mundo según Monsanto, fue realizado como libro y documental cinematográfico. Allí se detalla, con extrema minuciosidad, la responsabilidad de la industria química en la epidemia de enfermedades crónicas. "Hablo del aumento espectacular de cánceres, enfermedades neurodegenerativas, trastornos de la reproducción, diabetes u obesidad que se registran en los países 'desarrollados', a punto tal que la Organización Mundial de la Salud habla de 'epidemia'”, explica Robin.
–¿A qué llama "el veneno nuestro de cada día"?
–Son los productos químicos que se encuentran cada día en lo que comemos, ya sea en forma de residuos de pesticidas, aditivos alimentarios o plásticos que se utilizan para los alimentos. Estas moléculas químicas se encuentran en dosis muy bajas. Lo que demuestro en esta investigación, y lo que nadie contestó hasta ahora, es que estas dosis de residuos muy bajas, las cuales se supone que no tienen ningún efecto, en realidad sí tienen efectos nocivos sobre la salud humana.
–¿Son productos que están autorizados para estar presentes en la comida?
–Claro. La evaluación de los productos químicos, que practica la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria o la FDA en los Estados Unidos, se basa en el principio de Paracelso, que dice que sólo la dosis hace al veneno. En eso se basa la llamada "Ingesta Diaria Admitida" (IDA). Lo que demuestro es que este principio no vale para muchas moléculas, que no sirve para nada.
–¿Por qué?
–Sucede que esta especie de Biblia está basada en nada. No hay ningún estudio serio. Todos creían que con la IDA estábamos protegidos, pero nadie se había preguntado de dónde viene. Este es el corazón de mi investigación. La IDA fue fabricada por cinco personas en una mesa, en los años '60. Fue con buena voluntad, porque se estaban preguntando qué podían hacer para moderar el efecto de las moléculas químicas, las cuales sabemos que son altamente tóxicas. Pero ellos nunca plantearon que había que prohibir esos venenos que están en nuestra alimentación. Ellos tenían la concepción de que el "progreso" o el "desarrollo" pasaban por este tipo de riesgos, y que no podía ser de otra manera.
–¿Estas normas son avaladas por organismos estatales?
–Sí. Se esconden en una regulación estatal, que parece muy independiente, muy seria y muy científica, con muchos datos y muchas cifras, con toneladas de papeles, pero cuando te ponés a estudiar eso, te das cuenta que es para que las autoridades públicas puedan decir: "Estamos bien, bajo la norma." Pero si fuese una norma seria, que de verdad protegiera a la gente, ¿por qué la cambian constantemente? La van adecuando a los intereses de la industria, más que a la salud de la población.
–¿Por qué cree que no hubo, desde la industria química, ninguna respuesta a su investigación?
–Porque son datos y porque ellos mismos lo saben. Cuando salió la investigación hubo mucha prensa. Los productores de químicos dijeron: "Robin exagera un poco." Pero no más que eso. Por supuesto, siempre están tratando de decir que este trabajo es un poco exagerado, o las grandes empresas pagan a gente para tratar de desacreditarme en mi blog.
En su trabajo, usted sostiene que la "Revolución Verde" de los años '60 prometía alimentar a todo el mundo, pero que en realidad nunca estuvo ni cerca de lograrlo. ¿Por qué?
–En mi próximo documental, que saldrá en un mes y ojalá que llegue a la Argentina –se llama Las cosechas del futuro–, yo respondo a esta pregunta. El discurso es siempre el mismo: "Si prohibimos los agrotóxicos, no vamos a poder alimentar al mundo, nos vamos a morir de hambre." Es muy interesante ese argumento, pero falso. La famosa "Revolución Verde" trajo un empobrecimiento de los recursos naturales y una contaminación generalizada del medio ambiente, debido al uso masivo de productos químicos. Yo estuve viajando durante un año por once países. La conclusión que saco es que si hay 1000 millones de personas que hoy no comen o tienen problemas de hambre es a causa de los agrotóxicos. No sólo por los agrotóxicos como tales, sino por todo el sistema de mercado que está ligado a este negocio.
–¿Cómo influye el mercado?
–Esto tiene que ver con toda una cadena a nivel mundial. En la Argentina hay unas 18 millones de hectáreas con soja transgénica, fumigadas con agrotóxicos, con las que se acaban los tambos y los pequeños productores que de verdad alimentan a su pueblo. Aquí, en Francia, terminamos con un 3% de población de agricultores, y con unas grandes granjas. Todo está ligado, porque los que venden los agrotóxicos son los mismos que controlan el mercado de los granos, como Cargill y Monsanto. Estas multinacionales están hambreando al mundo.
–¿Cómo se puede salir de ese sistema?
–A través de la agroecología, la agricultura orgánica, basada en unidades pequeñas, donde hay una autonomía al nivel de la producción enérgica. Allí se utilizan los recursos naturales con una combinación de plantas, porque el monocultivo es una catástrofe para el medio ambiente.
–¿Pero la agroecología se podría llevar a cabo en grandes extensiones o a escala nacional?
–Claro, sin ningún problema. Lo único que falta es voluntad política. En Europa estamos en esta lucha. El año que viene tendremos un cambio en la famosa política agrícola de la Comunidad Europea. Estamos pidiendo que los subsidios que se dan aquí a los agricultores, o a las grandes empresas, que son las que más contaminan el medio ambiente, se den a agricultores que quieren pasar a la agroecología. En sólo cuatro años se puede cambiar el rumbo. Es sólo voluntad política, y se acaba con este modelo agroalimentario criminal en el mundo. Hay que sacar a la agricultura de la ordenación del comercio. La alimentación no es un producto cualquiera: sin alimentación, nadie puede vivir. Sin campesinos, nadie puede vivir. Cada país debe proteger a sus campesinos. Siempre se dice que los productos de la industria química son más baratos que los de la industria agroecológica. Y eso es mentira, por la cantidad de gastos indirectos que genera la industria química.
–¿La prohibición de agroquímicos sería un modo de ahorrar dinero o, por el contrario, una pérdida económica?
–La Comunidad Europea hizo un estudio que dice que si prohibimos los agrotóxicos, sólo tomando los gastos que produce el cáncer en campesinos y demás, podríamos ahorrar 27 mil millones de euros al año. Y sólo hablamos del cáncer.
En su libro, usted sostiene que el cáncer es una enfermedad "novedosa", propia de la civilización. ¿Cómo es eso?
–Yo quería saberlo, porque siempre se dice que el cáncer tiene relación con los productos químicos. Bueno, quería verificar si antes había cáncer o no. Y estudié muchos libros, muchos informes de gente que ha viajado en el siglo XIX, y que dicen que casi no había cáncer. Los cánceres aparecieron con la civilización industrial. Es un hecho. Y es interesante ver cómo fueron aumentando. También es interesante ver cómo se organiza la industria para decir lo contrario.
Con el correr de los años, la población fue tomando conciencia de que muchas sustancias de uso cotidiano –como el cigarrillo o la sal– son dañinas para la salud. ¿Cree que con los agroquímicos puede llegar a pasar lo mismo?
–Es muy distinto, porque estos productos están en todas partes y no lo sabés. Una persona que fuma conoce los riesgos y depende de una decisión personal. En los alimentos, en cambio, uno no sabe cuántos productos químicos está ingiriendo. Muchas mujeres no saben, por ejemplo, que una de las razones principales del cáncer de mama, aunque no la única, son los desodorantes. Por eso digo a las mujeres que no utilicen ningún desodorante, porque dentro de estos productos hay perturbadores endócrinos que van directamente a la mama. La población no lo sabe. Y además se están utilizando productos que no fueron estudiados previamente. Es necesario reapropiarse del contenido de nuestra alimentación diaria, recuperar las riendas de lo que comemos, para que dejen de infligirnos pequeñas dosis de distintos venenos sin ningún beneficio. Ecoportal.net

viernes, 7 de diciembre de 2012

La Vía Campesina. La voz de las campesinas y de los campesinos del mundo


La Vía Campesina es el movimiento internacional que agrupa a millones de campesinos y campesinas, pequeños y medianos productores, pueblos sin tierra, indígenas, migrantes y trabajadores agrícolas de todo el mundo. Defiende la agricultura sostenible a pequeña escala como un modo de promover la justicia social y la dignidad. Se opone firmemente a los agronegocios y las multinacionales que están destruyendo los pueblos y la naturaleza.
http://viacampesina.org/es

Fracking: una palabra para recordar


01/12/12 Por Alejandro Nadal
Nuevos vocablos van y vienen. Algunos son ocurrencias banales que después de ponerse de moda, rápidamente caen en el olvido. Pero he aquí un término que será difícil olvidar: fracking. Desgraciadamente no es portador de buenas noticias.

Muchos ingenieros y especialistas en energía han sabido, desde hace mucho, que una gran cantidad de gas natural se encuentra atrapado entre las láminas o capas en esquistos que datan del periodo devónico (hace 400 a 360 millones de años).
A diferencia de yacimientos tradicionales en los cuales el gas se concentra en bolsones más o menos fáciles de explotar, el gas de los esquistos se encuentra disperso a lo ancho y largo del espacio entre las hojas o escamas de estas rocas. El problema es permitir el flujo de las pequeñas burbujas de gas atrapadas entre las láminas para extraerlo.
La tecnología utilizada para extraer el gas se denomina fracturación hidráulica y consiste en romper roca para permitir el flujo del gas hasta donde puede ser recogido. El desarrollo no convencional del gas de esquistos combina tres tecnologías. Primero, la perforación direccional que usa sistemas para entrar en los laterales de los esquistos situados a unos dos o tres kilómetros de profundidad. Sólo la perforación direccional permite acceder a los espacios entre estas láminas para preparar la extracción.
Segundo, la disponibilidad de una gran capacidad de bombeo para inyectar enormes volúmenes de líquidos a una enorme presión para fracturar la roca. El material inyectado incluye arena porque sus granos mantienen abiertas las fracturas para permitir el flujo del gas. El volumen de agua requerido por pozo fluctúa entre los 8 y los 30 millones de litros, dependiendo de la geología. La presión requerida puede alcanzar hasta las 10 mil libras por pulgada cuadrada.
La tercera tecnología es un sistema para lubricar el líquido usado en la fractura hidráulica. Como era necesario reducir la fricción del agua para poder inyectarla a grandes volúmenes y fuerte presión en ductos que recorren enormes distancias, se hizo indispensable encontrar los mejores lubricantes de líquido, así como inhibidores de corrosión, estabilizadores y sustancias letales para microbios. Algunas de estas sustancias son bien conocidos agentes carcinógenos. La lista de sustancias es amplia y eso permite pensar en migraciones y combinaciones químicas de mayor toxicidad.
El problema no termina aquí. Aunque la mayor parte de estas sustancias es recuperada (y supuestamente vuelta a utilizar), una vez terminada la perforación y extraído el gas, existe el retroflujo del material inyectado que regresa a la superficie con hidrocarburos líquidos como tolueno, xileno y etilbenceno. Todas estas sustancias plantean un serio riesgo para los acuíferos que se sitúan por arriba de la capa de esquistos.
En Estados Unidos la cantidad de gas natural en esquistos ha sido presentada por Obama como una reserva de energéticos equivalente a la que tiene Arabia Saudita de petróleo y que aseguraría la independencia energética de Estados Unidos hasta por cien años. Y al lobby de la industria del gas natural le encanta señalar que este recurso reducirá las emisiones de gases de efecto invernadero.
La explotación a escala comercial de gas de esquistos en Estados Unidos conlleva riesgos ambientales y para la salud inaceptables. La contaminación de acuíferos debido al fracking ya es una realidad en muchas regiones en Estados Unidos. Lo que es importante considerar es el efecto acumulado del fracking, sobre todo si se toma en cuenta que se necesitan cientos de miles de pozos para desarrollar un yacimiento (se calcula que se necesitan más de 200 mil pozos en el estado de Pensilvania para extraer el gas del esquisto de Marcellus que está en su territorio).
Quizás lo más importante es que el gas natural producido con fracking agrava el problema del cambio climático. Primero porque a lo largo del ciclo de esta operación se liberan grandes cantidades de metano. El gas natural es primordialmente metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO2. Las filtraciones de metano en la extracción, transporte y distribución de gas natural son significativas. Este dato aislado ya debería provocar mayor cautela. Segundo, el fracking hará más lenta, si no imposible, la transición a fuentes renovables de energía al consolidar un perfil energético basado en combustibles fósiles.
El gas de esquistos existe en muchos países del mundo y ya hay una carrera para extraerlo. Inyectar a la atmósfera el CO2 contenido en esos depósitos de gas en las próximas décadas conducirá a un más intenso cambio climático. La temperatura global no podrá mantenerse en el rango de lo que se considera razonable. Ahora que se lleva a cabo la conferencia de Doha sobre cambio climático (COP18) es importante tomar conciencia que el fracking será el tiro de gracia para las esperanzas de construir un régimen sobre cambio climático. Es indispensable un cambio radical en política energética para dejar ese recurso en el subsuelo. Ecoportal.net

martes, 4 de diciembre de 2012

INDIGENISMO Los trapos sucios de Bunge


Un gigante estadounidense de la alimentación se ha visto implicado en un nuevo escándalo de la caña de azúcar en Brasil; una comunidad indígena guaraní al completo está sufriendo las consecuencias del cultivo, que los mantiene alejados de sus tierras y ha contaminado los arroyos y causado enfermedades y muertes entre los indígenas.
El tratante internacional de grano Bunge, que tiene su sede central en Estados Unidos, está metido de lleno en el pujante mercado brasileño de los biocombustibles, y compra caña de azúcar a agricultores que se han apoderado de la tierra ancestral de los guaraníes.
Una comunidad de 225 guaraníes en el estado de Mato Grosso do Sul, cuya tierra les fue usurpada para dejar paso a las plantaciones, dice que la invasión de la caña de azúcar, la maquinaria y los pesticidas para cultivarla han arruinado sus vidas en los últimos cuatro años. Este año ya se han suicidado dos guaraníes de la comunidad de Jata Yvary. Las víctimas, de 16 y 13 años, fueron encontradas colgando de sendos árboles. Según algunas informaciones, un camión de las plantaciones con las que comercia Bunge atropelló a un hombre, que murió a causa del accidente.En una conversación con Survival International, la comunidad manifestó: “Nosotros los guaraníes no queremos que se plante más caña de azúcar en nuestra tierra… daña nuestra salud, incluida la salud de nuestros hijos, y de nuestros ancianos, y el veneno contamina el agua”. Los guaraníes dicen que los pesticidas pulverizados desde aviones aterrizan en la comunidad, y que la maquinaria desechada es abandonada para que se pudra en los arroyos de los que dependen para su suministro de agua.En una carta han solicitado que su tierra “sea demarcada (…) y que los blancos que hay en la zona sean expulsados, porque con ellos no nos queda espacio para cazar y pescar, y no podemos practicar nuestras tradiciones. Queremos preservar el bosque pero ellos lo están destruyendo y haciendo dinero con él de forma ilegal”.La Constitución de Brasil, así como un acuerdo firmado por las autoridades y los guaraníes, obligan al Gobierno a delimitar sobre el mapa y proteger toda la tierra guaraní. Pero dicho programa está prácticamente paralizado y, mientras los guaraníes siguen esperando a que se les devuelva su tierra, ven cómo las consume la imparable ola de la caña de azúcar.Survival ha escrito a Bunge, pero la empresa respondió sin remordimientos, y dijo que continuará comprando caña de azúcar de la tierra ancestral de los guaraníes hasta que las autoridades brasileñas delimiten completamente la zona como territorio indígena.El director de Survival International, Stephen Corry, ha declarado: “Gran parte de los biocombustibles de Brasil están manchados de sangre indígena. Los que lo utilizan deberían ser conscientes de que su mal llamada opción ‘ética’ está contribuyendo a la muerte y la destrucción total de los indígenas guaraníes. Bunge debe seguir los pasos de Shell y abandonar la tierra guaraní, sin excusarse en que está esperando al reconocimiento oficial de la tierra, que podría llevar décadas”

Transgénicos en la UE ‘NO’

Los cultivos transgénicos podrían empezar a autorizarse en el inicio de 2013. De los 26 pendientes de autorización, 19 son tolerantes a herbicidas. La Comisión Europea podría abrir la caja de Pandora de los transgénicos, tal y como nos cuenta Kumi Naidoo, director ejecutivo de Greenpeace Internacional en un artículo en The Guardian (en inglés). Sin embargo, activistas de Greenpeace y agricultores estadounidenses intentan evitarlo, y nos han mostrado lo que podría encerrar esta “caja”.Un informe del Dr. Charles Benbrook presentado el 29 de octubre en Madrid ha puesto en evidencia que, de autorizarse estos últimos, se podría verificar un dramático incremento del uso de herbicidas en Europa de hasta ¡15 veces!
Wes Shoemeyer y Wendel Lutz son dos agricultores estadounidenses protagonistas del video “Growing doubt”, en el cuál se enseña la cruda realidad de las consecuencias de la adopción de este tipo de cultivos en EE.UU. y Argentina. Han estado en ocho ciudades europeas difundiendo su alerta entre ciudadanos, agricultores y políticos, y hoy, en Bruselas, han unido su voz a la de los 27 activistas, uno por cada estado miembro. Wendel lo ha dejado bastante claro: “Europa tiene la oportunidad de aprender de los errores cometidos en mi país”.
Los activistas, vestidos con trajes de seguridad, han desvelado un mensaje contundente con sus pulverizadores manuales llenos de agua: “Cultivos transgénicos = Más agroquímicos”.
El mensaje es claro y la solución también: agricultura ecológica. Juntos podemos mostrar a la Comisión Europea, y a los políticos en general, cuál es el modelo de agricultura que queremos: tóxico, petróleo dependiente, destructor del tejido rural, con grandes beneficios para las grandes corporaciones del agronegócio, o el que garantiza alimentos y productos saludables para hoy y mañana, protege los suelos, el agua, el clima y la biodiversidad, genera empleo, es motor de desarrollo rural, asegura cultivos resistentes, no contamina el medio ambiente con productos químicos o transgénicos y responde a una necesidad imperante de soberanía alimentaria por parte de los pueblos.
Luís Ferreirim (@LFerreirim) es responsable de la campaña de Agricultura de Greenpeace España

India prepara una demanda contra Monsanto por ‘biopiratería’

El gobierno indio está preparando cargos contra Monsanto, la compañía agrícola estadounidense especializada en biotecnología, por apropiarse de técnicas agrícolas indígenas y de sus conocimientos para desarrollar una berenjena genéticamente modificada.
Aunque la compañía ha negado las acusaciones de lo que se ha denominado “biopiratería”, el caso podría sentar un precedente para el futuro de las leyes de patentes a nivel mundial.
Los activistas también argumentan que las patentes sobre técnicas de mejoramiento de cultivos tienen consecuencias económicas, ecológicas y éticas. Actualmente, cinco empresas de biotecnología se atribuyen el 77 por ciento de las patentes sobre seres vivos.
La berenjena genéticamente modificada (GM), también conocida como berenjena transgénica (BT brinjal), ha sido motivo de controversia en la India durante varios años. Una agencia del gobierno de la India acordó recientemente presentar cargos contra la biopiratería de Monsanto, uno de los primeros promotores de cultivos de comida GM. Dicen que Monsanto y otros desarrolladores violaron las leyes del país sobre biodiversidad por el robo de material genético autóctono, y lo usaron para crear la versión GM.
Fuente: www.pajareo.com