La soberanía alimentaria de los pueblos enfrenta un nuevo enemigo:
el acaparamiento de vastas extensiones de tierras agrícolas. Los nuevos
acaparadores de tierras son estados con mucho capital pero poca
capacidad agrícola para alimentar a sus poblaciones, como Singapur,
Corea del Sur, Arabia Saudita y China, e inversionistas capitalistas
ávidos de nuevas oportunidades de lucro.
“Nunca antes se había invertido tanto dinero en el sistema alimentario
industrial”, plantea la organización no gubernamental Grain, ganadora
del Premio Nobel Alternativo de 2011. “Con las actuales crisis
financiera y económica a nivel global, el capital especulativo busca
sitios seguros donde multiplicarse. Los alimentos y las tierras de
cultivo son esos sitios… La carrera es por ver quiénes logran controlar
los recursos para la producción mundial de alimentos –las semillas, el
agua y la tierra– y la distribución global de los mismos.”
Grain sostiene que “El dinero también fluye directamente hacia la
agricultura industrial y las adquisiciones de tierra. Los bancos, los
fondos de inversión y los fondos de pensiones se utilizan activamente
para comprar tierra por todo el mundo… los cálculos actuales nos hablan
de entre 60 y 80 millones de hectáreas que han pasado a manos de los
inversionistas extranjeros para producir alimentos tan sólo en los
últimos años. Esto es igual a la mitad de las tierras agrícolas de toda
la Unión Europea. La mayor parte de esto ocurre en África, donde los
derechos consuetudinarios de los pueblos a la tierra están siendo
ignorados de manera flagrante”.
África, el premio mayor
En esta carrera por apropiarse de tierras, África es el premio mayor. Es
el último horizonte de lucro del capital transnacional, un continente
que los grandes intereses consideran “subutilizado”. La ONG
estadounidense Oakland Institute lleva desde el año pasado examinando
con detenimiento los negocios con tierras en África. Encontraron que
estos tratos son a menudo subvencionados por instituciones del sector
público, como la Agencia Internacional de Desarrollo de EEUU (Usaid) y
el Banco Mundial, y que involucran no solamente la producción de
alimentos para exportación sino también falsas soluciones al cambio
climático, como los agrocombustibles y el comercio de lucrativos
“créditos de carbono”.
Estos negocios, supuestamente, son para traerle el desarrollo a los
empobrecidos africanos, pero Anuradha Mittal, directora ejecutiva del
Oakland Institute, sostiene que en realidad hacen daño a la gente de
África y su ambiente. “Esta manera de ‘desarrollar’ a África no es ni
justa ni sustentable. Está desplazando gente al tomar sus tierras y
recursos naturales que producen alimento y proveen sustento a la vez que
empeora el cambio climático.”
Estudiando casos en Mozambique, Sudán del Sur, Tanzania y Zambia, las
investigaciones de la organización encontraron que los nuevos
acaparadores de tierras dejan un saldo nefasto para las poblaciones
locales. “En nuestra investigación sobre 50 tratos de tierras en siete
países africanos, no encontramos evidencia de que tales inversiones
provean réditos financieros justos para los países o sus poblaciones”,
dijo Frederic Mousseau, del Oakland Institute.
Latinoamérica también es afectada
En Paraguay la corporación argentina Cresud posee 142 mil hectáreas, en
las que siembra mayormente girasol y soya. En los años 90 Cresud logró
un crecimiento explosivo, en parte, gracias a una inversión sustancial
del magnate George Soros. Para 2011 Cresud era el mayor terrateniente en
Argentina, controlando sobre 620 mil hectáreas –para soya y ganado
mayormente– al igual que 175 mil hectáreas en Brasil mediante su control
sobre la compañía BrasilAgro. A nivel internacional Cresud posee un
total de 962 mil hectáreas.
También en Paraguay está asentada la misteriosa corporación NFD Agro,
cuyo domicilio es en la isla Bermuda. Sus negocios en Paraguay, que
abarcan sobre 35 mil hectáreas donde siembra maíz, soya y otros
productos, fueron subvencionados con un préstamo de $5 millones de la
Corporación Financiera Internacional, subsidiaria del Banco Mundial. NFD
es controlada por inversionistas argentinos, el banco JP Morgan y la
firma neoyorkina TRG Management/Rohatyn Group. TRG también invierte en
Calyx Agro, que en Paraguay tiene casi 3 mil hectáreas en las que
siembra caña de azúcar y otros cultivos. Calyx es un vehículo del
comerciante de granos Louis Dreyfus para adquirir terrenos agrícolas en
el Cono Sur.
En Perú está la surcoreana Ecoamérica con 72 mil hectáreas (de donde
extrae madera y pastorea ganado), y la estadounidense Maple Energy (que
siembra caña de azúcar para la producción de etanol). En Uruguay hay
capitales agrícolas argentinos, daneses, franceses, estadounidenses
(Adecoagro), y hasta de Singapur (Olam). Y tras los terrenos agrícolas
de Colombia van argentinos (Ingacot), brasileños (Mónica Semillas),
chinos, israelíes (Merhav Group), españoles (Grupo Poligrow) y
estadounidenses (Black River Asset Management).
Según la base de datos de Grain, estos acaparamientos no se están dando en Venezuela, Ecuador o Cuba.
Los fondos de pensión también
Un aspecto sorprendente de este acaparamiento global de tierras es que
entre los principales inversionistas que ponen la plata para estos
negocios figuran los fondos de pensión. A nivel mundial los fondos de
pensión manejan $23 billones, de los cuales se cree que $100 mil
millones están invertidos en commodities, y de eso se estima que de $5 a
$15 mil millones van a la compra de tierras agrícolas. Se espera que
para 2015 esa última cifra se duplique.
Esto concierne directamente al pueblo trabajador. Según Grain, “Hoy día,
las pensiones de las personas son frecuentemente manejadas por empresas
privadas en representación de sindicatos, gobiernos, individuos o
empleadores. Estas compañías son responsables de salvaguardar y hacer
crecer los ahorros para la jubilación, de forma que sean pagados a los
trabajadores en mensualidades, después del retiro. Cualquier persona
suficientemente afortunada como para tener un trabajo y ser capaz de
ahorrar algún ingreso para el retiro, probablemente tiene una pensión
que está siendo administrada por una u otra firma.”
La lucha ya comenzó
Sarah Anderson, analista del Instituto de Estudios Políticos (IPS)
insiste en que sí se puede hacer algo al respecto, y nombra como ejemplo
la campaña activista en California para persuadir a CALSTRS a que
desista de invertir $2.500 millones en mercados de commodities- que
incluyen tierras. El fondo ha accedido a reconsiderar su posición.
La resistencia mundial contra el acaparamiento de tierras está alzando
vuelo. Los participantes del Foro Social Mundial de 2011, celebrado en
Senegal, emitieron el Llamamiento de Dakar contra el Acaparamiento de
Tierras, del cual citamos a continuación:
“Llamamos a los parlamentos y a los gobiernos nacionales a poner fin
inmediatamente a todos los acaparamientos masivos de tierras actuales o
futuros y a que se restituyan las tierras saqueadas… Exigimos que los
Estados, las organizaciones regionales y las instituciones
internacionales garanticen el derecho a la tierra de los pueblos y que
apoyen las agriculturas familiares y la producción agro-ecológica de
alimentos… Por último, invitamos a todo/as los/as ciudadanos/as y a las
organizaciones de la sociedad civil de todas partes del mundo a apoyar
por todos los medios –humanos, de comunicación, jurídicos, financieros y
populares– posibles a todos/as los/as que luchan contra los
acaparamientos de tierras.”
www.ecoportal.net
Ruiz Marrero es autor, periodista investigativo y educador ambiental puertorriqueño
http://carmeloruiz.blogspot.com/